“La palabra No” por Norma Manchego.

El «No» es un adverbio de negación, implica que se difiere, falta de coincidencia, que es inconveniente, también entraña la capacidad de discriminarnos del deseo ajeno, y sobre todo, habla sobre nuestros límites.

Lamentándolo mucho, no son pocos quienes se prohiben pronunciar este escuálido monosílabo, ya que por diferentes motivos, se le ha endilgado con una carga afectiva negativa muy intensa.

¿Y qué me dicen, de aquellos quienes explican el porqué de sus negativas?
Es innecesario justificar tus No. Tienes el legítimo derecho de ser diferente.

El No muchas veces se confunde con desamor, violencia, maldad, incluso con egoísmo. Así como no eres el malo de la película por pronunciarlo, tampoco quien te lo dirige, lo es.

Aceptar un No, implica validar la subjetividad e individualidad del otro.
Emitir un No, no implica abandonar, renunciar a la compañía, o dejar de ser amante, pareja, socio, amigo.

Cada No que se omite, cada No que se ahoga, es un No hacia ti mismo.
¿Por qué cuesta tanto decirlo?
Nos enseñaron la falsa característica de la incondicionalidad del amor.
Es “bueno” renunciar en pro de los vínculos o sacrificarnos por nuestros amados.

Naturalmente lo seres humanos no somos incondicionales.
Tenemos límites y cuando estos son franqueados, no existe otra muestra más auténtica de amor propio que decir NO.

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